Del guateque a la Rave

En estos días, los jóvenes suelen desarrollar como una de sus alternativas de ocio eso que conocemos popularmente como una rave. También conocida como rave dance o rave party, nos encontramos ante un fenómeno contemporáneo de diversión en el que la música electrónica es el eje.

Se empezó a hablar de rave en los años ochenta para hacer referencia a las fiestas que se organizaban en torno a la música acid house y a las aglomeraciones clandestinas de breakbeat hardcore, que con tanta fuerza pegaron en los suburbios de Inglaterra.

Asociadas en muchos casos al consumo irresponsable de drogas (principalmente, drogas de diseño), las raves han ido saliendo de la marginalidad para convertirse en una manifestación popular. Lejos quedan ya aquellas fiestas en las que los espectáculos de luces acompañaban a esas eternas sesiones de DeeJays que pinchaban techno, house, trance, jungle, drum & bass, dubstep, minimal o tech trance, por citar algunos estilos. Ahora, para que tena lugar una rave, basta con salir del meollo de las ciudades y pueblos y acercarse hasta espacios más solitarios, como polígonos industriales o llanos del extrarradio.

Ya alejados del mundanal ruido (o del mundanal descanso, mejor dicho), los jóvenes abren los maleteros de sus coches y suben al máximo el volumen de los equipos de audio. De los altavoces sale música electrónica y la diversión toma cauces improvisados, nada sujetos a lógicas racionales. Todo vale para pasarlo bien y para abstraerse de la rutina de los días de entresemana.

No obstante, el término rave también hace referencia a un tipo de baile, surgido entre la improvisación bajo la música electrónica y los parámetros algo más formales del street dance. En la actualidad podemos hablar de una escena rave, que goza incluso de varios estilos de música electrónica conocidas como rave music. ¿Quién no ha ido hablar de que tal muchacho estuvo en una rave? Son los nuevos tiempos, lejanos ya de aquellos vetustos guateques.